Bajamos a buscar
lo que de nuestras vidas se desprende.
En el piso alto de la majestuosa tragedia,
de los pueblos enteros y los futuros únicos.
Calmo. Libramos el estruendo,
de noches largas, velas y pena.
De los amaneceres ansiosos,
y la historia que se libra con un doloroso cotidiano.
Marcamos el ritmo de los pechos,
que sangran en lo alto.
Clamamos la humanidad que nos falta,
para volver a equivocarnos.
Y después dormir.